el mestre yoda

29 Octubre 2009
29 Octubre 2009
Joan Ollé
Dos buenos amigos míos están viviendo momentos muy delicados: uno acaba de romper definitivamente, por undécima vez, con la mujer a la que ama, y al otro -como si se pasasen el relevo- le tenemos seriamente enamorado. Este pasea una sonrisa de oreja a oreja, camina ingrávido, habla como quien canta y no hay manera de celebrar juntos su felicidad, porque anda siempre muy atareado; aquél, con cara de película de Bergman, taciturno y siempre esperando una improbable llamada, evita los lugares que con ella frecuentaron: barrios, cines, restaurantes...
Los dos han perdido algunos kilos y, por motivos muy contrarios, casi no duermen nada. Conjugan verbos diferentes: el presente perfecto y el pretérito pasado. Uno pisotea hojas muertas mientras que el otro no para de ofrecer flores recién cortadas. Los dos han huido, cada cual por su lado, del tranquilo purgatorio cotidiano: uno hacia el cielo de los abrazos nuevos; el otro, al infierno de las caricias recordadas.
El otoño, la estación que invita a los cuerpos a acercarse, amplifica en ambos su júbilo y su tristeza: el medio frío y la temprana llegada de la noche invita al primero a románticos paseos por lo oscuro, y al segundo, a buscar en la luz sucia de los bares un poco de compañía en forma de conversación, copa y tabaco.
Cuando de vez en cuando nos juntamos, anoto, como un árbitro en su cuaderno, cómo pueden convivir en fraternal sobremesa lo cómico y lo dramático. Cantamos, en homenaje a los tres, canciones de penas y alegrías entre hombres y mujeres -Brel, Serrat, boleros, corridos mexicanos...- mientras brindamos en voz alta por nosotros, para que nunca, nunca, nunca el amor de la amistad nos haga daño.
Ya de vuelta a casa, recuerdo aquel fragmento de Las mil y una noches que viene a decir, más o menos: «Tristes aquellos que estén viviendo el momento más alto de su amor, porque día a día y hora a hora irá yendo hacia la nada; felices aquellos que lloran ahora la pérdida de un gran amor, porque solo suya será la gracia del reencuentro».
23 Marzo 2009
fa un mesos vaig publicar un post referent a la meva visita a 'la vinyeta'. des d'aquell dia em vaig quedar amb el sentiment de fer 'alguna cosa' per recordar les bones vibracions que em va transmetre el projecte d'en Josep. el meu petit i humil homenatge és aquest díptic q juga amb la iconografia de la bodega: els asteriscs. és una peça més del projecte. la modernitat enfront d'allò suposadament clàssic. òbviament a mi em va encantar.

23 Marzo 2009
li robo a la contra un trocet de l'entrevista d'avui a Adam Zagajewski. en conjunt l'he trobat molt fluixa, però aquesta explicació de l'impuls, com a origen o motiu, de l'art (sigui poesia o no) m'ha semblat una exel·lent definició:
¿Qué le hizo a usted poeta?
Esos momentos extraños de éxtasis.
¿. ..?
Debía de tener entre 15 y 17 años cuando se dio el primero. Eran momentos de felicidad extrema, pero no de felicidad personal. Percibes y sientes el mundo, y todo acaba teniendo un significado muy fuerte, porque habitualmente el mundo no nos habla, pero sí entonces. Yo todavía no escribía y no sabía qué hacer en esa situación, pero con los años esos destellos se convirtieron en momentos para la escritura.
Entiendo que se le han repetido.
Sí, vuelven de vez en cuando.
¿Cómo se los explica?
Es una combinación de felicidad inesperada y de una comprensión muy intensa de lo que nos rodea. Pero no es tan raro, prácticamente todo artista ha vivido momentos similares, son la base psicológica del arte.
12 Marzo 2009
m'encanta la cançó d'antonia font que ha inspirat aquest quadre. no sé perquè... volia sortir de l'abstracció pura i dura en la que estava inmers. que em protegia. hi tornaré inmediatament. (no és excusa, però la foto és horrorosa).
"tots els motors" díptic 100 x 20

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