Dos buenos amigos míos
Joan Ollé
Dos buenos amigos míos están viviendo momentos muy delicados: uno acaba de romper definitivamente, por undécima vez, con la mujer a la que ama, y al otro -como si se pasasen el relevo- le tenemos seriamente enamorado. Este pasea una sonrisa de oreja a oreja, camina ingrávido, habla como quien canta y no hay manera de celebrar juntos su felicidad, porque anda siempre muy atareado; aquél, con cara de película de Bergman, taciturno y siempre esperando una improbable llamada, evita los lugares que con ella frecuentaron: barrios, cines, restaurantes...
Los dos han perdido algunos kilos y, por motivos muy contrarios, casi no duermen nada. Conjugan verbos diferentes: el presente perfecto y el pretérito pasado. Uno pisotea hojas muertas mientras que el otro no para de ofrecer flores recién cortadas. Los dos han huido, cada cual por su lado, del tranquilo purgatorio cotidiano: uno hacia el cielo de los abrazos nuevos; el otro, al infierno de las caricias recordadas.
El otoño, la estación que invita a los cuerpos a acercarse, amplifica en ambos su júbilo y su tristeza: el medio frío y la temprana llegada de la noche invita al primero a románticos paseos por lo oscuro, y al segundo, a buscar en la luz sucia de los bares un poco de compañía en forma de conversación, copa y tabaco.
Cuando de vez en cuando nos juntamos, anoto, como un árbitro en su cuaderno, cómo pueden convivir en fraternal sobremesa lo cómico y lo dramático. Cantamos, en homenaje a los tres, canciones de penas y alegrías entre hombres y mujeres -Brel, Serrat, boleros, corridos mexicanos...- mientras brindamos en voz alta por nosotros, para que nunca, nunca, nunca el amor de la amistad nos haga daño.
Ya de vuelta a casa, recuerdo aquel fragmento de Las mil y una noches que viene a decir, más o menos: «Tristes aquellos que estén viviendo el momento más alto de su amor, porque día a día y hora a hora irá yendo hacia la nada; felices aquellos que lloran ahora la pérdida de un gran amor, porque solo suya será la gracia del reencuentro».